Ni siquiera soy una cara bonita

11.29.2010

Ian

Toda la nostalgia del mundo encerrada en los ojos de Ian Curtis.

Los discos de Joy Division, mi caja de Pandora favorita.


No te hagas, tú también pones New Dawn Fades y lloras quedito,
bien quedito.,
quedito...


11.07.2010

Azul, del tono de la noche.

Daniel, Daniel Johnston, tiene algo mal en la cabeza, es un genio, no necesita Prozac. Dibujemos sujetos barbudos, toma un color para enmarcar sus ojos. El gris no va con tan poca melancolía, elige el púrpura para las ojeras. Un café, sin azúcar, la dulzura no se sirve a cucharaditas, la encontramos en otra parte. Un abrazo, un beso en la frente, de la mano, corriendo, robamos cuatro libros. Vino, mucho vino, vino barato, sentados en la esquina, hablando en inglés. Y colores, y formas, y olores, y canciones en francés. Y el piso de azulejo. Y frío, mucho frío. El frío de gritar tu nombre en un auditorio vacío, el cansancio de fumar en la terraza, el dolor de perseguir el tren. Me pregunto cuántas canciones escribió Morrissey sobre ti y sobre la manera en que muerdes el bolígrafo. Sobre tu cabello de Elvis. Sobre tu... Tú sentado como un ampersand, tú leyéndome cómo llorar, nosotros pensando en París. A ti te falta el acento que a mí me sobra, para que nuestros nombres sean correctos. Quizá la felicidad está en la tilde, te la regalo.

11.04.2010

Manos

Pagué y me acomodé en la última fila, justo en el centro, en el último sitio. Odio este lugar, me voy a caer, no puedo subir mis pies en ningún lado, no hay ventana, me va a dar sueño. Coloqué el pesado abrigo sobre mis piernas, entrelacé las botas, consulté el reloj. La una.

Abrí mi libro de Verne, leí el prólogo y nada más. La chica sentada a mi derecha usaba un perfume tan asqueroso que no podía respirar. Cubrí mi rostro con las manos, froté mis ojos. Negro. Juro que me escribiré en las muñecas "no te toques la cara, tienes maquillaje, imbécil".

Miré a mi izquierda. Una señora y su hijo duermen, junto al niño, la ventana; a través de ella, un camellón mal pintado, con árboles secos en el centro. Al lado del camellón, dos carriles, autos viejos. Junto a los autos, casas, casas, casas, casas...

¿Dónde deje el iPod? No está en el pantalón, no está en la mochila. Lo siento en el abrigo. Miro a la chica a mi derecha. Es bonita, apesta a Avon. Pero es bonita.

Estoy escuchando Tapes, de Daniel Johnston. Me divierto de lo lindo. Seguro a John le habría gustado el mini cover a Revolution. Javi dijo que Daniel sonaba como Dylan con helio. Me río sola, cambio de canción. Aún me queda una hora de viaje. Quiero vomitar, pero no eres tú, Daniel, soy yo. De todos modos ya terminaste, escucho a Pulp. Quiero vomitar. Quiero vomitar. Lo susurro, nadie me escucha.

Hay dos chicos y una chica frente a mí, seguro van en la preparatoria del peje. No, creo que ya estaban ahí antes de pasar por la pejeprepa. Mueven los labios y cantan a Pulp, jajajaja. Me miran cuando muevo la cabeza al ritmo de la canción. ¿A qué pinche hora se piensa bajar la chica Avon?

La señora me pide permiso para salir. Muevo las piernas cuarentaycincogradoshacialaderecha; el niño se apoya en mi rodilla izquierda para caminar, adormilado. Me recorro hasta la ventana, au revoir chica Avon. A mi lado se sientan chico número uno y la chica. Miro por la ventana, veo el Ministerio Público, árboles grandes, verdes, bonitos. Verano, tómate un break, le toca al otoño.

Chico número uno y chica se bajan en el parque also known as bosque. Chico número dos se sienta a mi lado, pisa mi bota. Pide perdón, respondí un "no te preocupes", fugaz. Me sonríe. Dientes blancos. Es lindo. Su cabello es castaño claro, sus ojos cafés, tiene pecas en la nariz. Le mostraría la dentadura si no me viera tétrica cuando lo hago, sólo sonrío, así. Miro el iPod, ya no sé qué poner. Sorpréndeme, shuffle. Placebo.

Miro por la ventana, junto a nosotros hay un autobús turístico, vidrios oscuros, niños de primaria en su interior. Chico número dos mira también por la ventana, lo veo reflejado.

Hoy te odio Brian Molko, pongo a The Who, guardo el iPod en la mochila, dejo mis manos junto a mis piernas. Miro por la ventana. Lord Byron escribió She walks in beauty y ayer lo olvidé. Tonta. Miro a mi derecha, chico número dos me mira. Le sonrío otra vez, sin mostrar los dientes. Me sonríe. Miro al frente, cierro los ojos. "She walks in beauty, like the night of cloudless climes and starry skies; and all that's best of dark and bright, meet in her aspect and her eyes". Muevo los labios, no me escucho. Lo hago otra vez.

¿Chico número dos me está tocando la mano? No voy a abrir los ojos. Juro que su meñique toca el mío. Abro los ojos, lo miro, mira hacia el frente. Miro mi mano, y allí está la suya, más grande, más pálida. Me entra el pánico, miro por la ventana. Ay, seguro Brian Molko sabría qué hacer y yo escuchando a The Who.

Estoy a quince minutos de bajarme. La mano de chico número dos está por debajo de la mía, acaricia el dorso de mi diestra con su pulgar. Lo miro y el continúa mirando al frente. Se sonroja, ay no, no me voy a reír, no me voy a reír. Ventana.

Nos quedamos así. Veo un bar, y lo que queda de un taller mecánico. Un arco negro de piedra. Ya está, en la siguiente esquina me voy.

Lo miro, le digo adiós. Me responde igual, sonríe. Se levanta para dejarme salir. Ojalá el autobús choque. Choca, choca, choca, choca...

11.01.2010

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Sobre mi cariño: he llegado a una situación tan funesta que estoy llorando porque ella no te quiere.