Ni siquiera soy una cara bonita

9.25.2010

XVIII

El teléfono se hizo sentir en mi bolsillo. Tenía un mensaje de ella. “Te quedas solo babe, voy con Matt al Atmosphere. Te amaría XO”. Arrojé el teléfono contra el primer peatón que encontré y caminé hacia el Atmosphere. Le iba a tirar uno o dos dientes a ese bastardo y a ella me la llevaría a rastras. Hija de puta… te amaría. Claro que me amaría.

Miré mi reloj. Las siete y media. Me arrepentí de haber arrojado el teléfono, ahora no sabía la maldita hora y era claro que pasaban de las dos de la mañana. Crucé la avenida y encontré el aparatejo, pero no la batería. Caminé derecho mientras la maldecía por haberme obligado a cometer tal estupidez. La falta de concentración me hizo terminar en la 38, bastante lejos de ese bar de porquería.

¿Alguna vez hablé de mi odio hacia los números pares? Creo que si, la vez en que ella tomó dos cigarros de mi cajetilla. Resulta que los números pares implican compromiso. Dos, cuatro, seis, ocho, todos son lindas parejas, se ven falsas. El uno es el mejor de los números, te da individualidad, poder y todas esas mierdas que se supone uno debe alcanzar. Tres, cinco, siete, nueve, once, trece… en ellos hay implícitas parejitas cursis, pero siempre sobra uno. Yo soy el que sobra.

Le pregunté la hora a un borracho y me pidió dinero. Le di cinco y casi me lame los zapatos. Las tres. Seguí caminando por la 38 y doblé en la 17. Nunca voy a entender cómo están numeradas las calles de esta maldita ciudad.


Encontré a Jeremy saliendo de una licorería. No traía nada consigo y me decepcioné.


- ¿Por qué no compras un whiskey y lo matamos en tu hormiguero?

- Debo ir a trabajar mañana y esa porquería me deja tumbado. Quería un vodka. Además ya apestas a alcohol y caminas bailando tango ¿Cuántas…?

- No seas niña Jeremy. Yo lo compro y tú me das asilo político por esta noche.


Caminamos dos calles en silencio hasta que Jeremy comenzó a preguntarme por qué no estaba en el Atmosphere como de costumbre, en dónde me había emborrachado, por qué no estaba con ella… y llegó, solito, a la conclusión de que ella estaba con ese green-go. Yo me porté bastante bien, solté una risita y le dije que sería buddies night, without pussies, mientras le quitaba las llaves del edificio y le daba una palmada en la espalda. El muy faggot se indignó pero aún así me dejó pasar a su guarida.


Deposité mi ser en el sillón más amplio de su pseudo burguesa sala. El gato se erizó y escapó por la escalera de emergencia. Por eso no podemos tener gatos, linda, me huyen como si fuera el más sarnoso de los perros. Y quizá lo sea.


Jeremy puso dos vasos y sus respectivos porta en la mesa de centro. Le pregunté cuando dejaría de ser tan marica y sólo sonrió. Comenzamos a beber en silencio, mirando la ventana por la que el siete vidas había huido, cuando la recordé.


- Préstame un celular, burguesito.

- Te di uno la semana pasada.

- Me lo diste sin pila.

- ¿Cuántos celulares más vas a destruir?

- Dios te va a castigar por materialista. Dame un celular.


Me donó uno mejor que el anterior. Intercambié la tarjeta de datos para descubrir dos nuevos mensajes. “Espero que no hayas arrojado el celular contra un auto”. Reí amargamente, dejaría de ser tan predecible. “No se te ocurra marcarme, me voy al departamento de Matt”.


Aventé el teléfono, pero desgraciadamente terminó en un cojín.


- ¿Quieres dejar de romper las cosas cada vez que recibes un mensaje non-grato? Siempre haces lo mismo, deberías entender que ella no…


Bebí media botella de un jalón. Se iba con él, iban a revolcarse toda la maldita noche y yo borracho, con un whiskey, un gato ausente y don-blahblahblah. ¿Por qué él era mejor que yo? Demasiado rubio, demasiado demócrata, demasiado green-go. Siempre apestaba a loción barata, le estaba saliendo panza, sus relojes eran más corrientes que ese desgraciado gato...


- Cada día te ves peor. Pareces…


No me enteré de lo que parecía ¿Sábes como se calla diplomáticamente a alguien? Pues plantándole un beso. Desde que llegué a New York supe que Jeremy apetecía mis velludas piernas y algo más. Después me enteré que estaba enamorado de mí. Por eso sé que no te convengo, soy un completo motherfucker.